Muchas personas nos preguntan por qué nuestro aceite tiene una densidad tan particular, un aroma tan exuberante y un sabor tan embriagador.
La respuesta está en muchos factores, pero uno de los más importantes es el modo en que cuidamos nuestros olivos. Los 1.500 olivos de la finca Morro Escudero reciben un máximo de 100 litros de riego al año por árbol: apenas lo necesario para hidratar la tierra durante el verano y preservar intactas las cualidades que hacen único a nuestro aceite de autor: su sabor, su aroma, su densidad y su textura.
Nuestro mundo es muy distinto al del olivar actual intensivo y superintensivo. Mientras estos modelos pueden alcanzar producciones superiores a 13.000 kg por hectárea, nuestro olivar no llega a los 3.500 kg por hectárea. Y mientras un olivo intensivo puede recibir hasta 10.000 litros de agua al año, nosotros elegimos trabajar con el mínimo riego posible, respetando el ritmo natural del árbol y de la tierra.
Esa diferencia no es casual: es una forma de entender el olivar. Creemos que el exceso de agua y la producción forzada pueden diluir la personalidad del aceite, aplanar sus matices y alterar aquello que lo hace verdaderamente singular. En Ol’live preferimos producir menos, pero producir mejor.
Asumimos que nuestra producción es muy baja y que los rendimientos son escasos. Pero creemos en la búsqueda de un producto insuperable, con una personalidad desbordante, capaz de expresar todo lo que la tierra, el árbol y el tiempo han depositado en cada aceituna.
Por eso trabajamos el olivar tradicional, el de toda la vida: de producciones limitadas, pegado a la tierra y guiado por el respeto a los ritmos naturales. Buscamos un aceite auténtico, diferenciado y único.
Así conseguimos que en cada botella de Ol’live no vaya solo aceite. Va la esencia de una tierra, va el trabajo de generaciones, va una forma de entender la vida, va historia, tradición y personalidad. Va, en definitiva, la huella de haber hecho siempre las cosas bien.
